Casi todos hemos abierto la nevera y encontrado algo que ya no se puede comer, escondido detrás de otra cosa desde hace más de una semana. No es mala suerte. Es que la mayoría de neveras se organizan por costumbre, no por temperatura, y eso hace que la comida se dañe mucho antes de lo que debería.
La parte más fría de la nevera no está donde la mayoría cree. Suele ser la balda de más arriba y el fondo, no la puerta. Por eso la leche, los lácteos y las sobras de comida deberían ir ahí, mientras que la puerta, que es la zona más cálida por los constantes abrir y cerrar, es mejor para salsas, bebidas y cosas que ya vienen procesadas y no se dañan tan rápido.
Las verduras y frutas necesitan su propio espacio, literalmente. Meterlas sueltas entre todo lo demás hace que pierdan humedad más rápido y se marchiten antes. El cajón inferior existe justo para eso, para mantener un nivel de humedad distinto al resto de la nevera. Y separar las frutas que sueltan gas etileno, como la manzana y el banano, de las verduras de hoja verde, evita que estas últimas se pudran antes de tiempo.
Otro error común es llenar la nevera hasta el tope pensando que así rinde más el espacio. Es al contrario. El aire frío necesita circular entre los alimentos para mantener la temperatura pareja, y si todo está apretado, se forman zonas más calientes donde la comida se daña más rápido aunque el resto esté bien conservado.
Una nevera con buena distribución interna y control real de humedad hace este trabajo mucho más fácil, sin que tengas que estar reorganizando cada dos días. En Electrohogar tenemos neveras pensadas para que cada alimento tenga su lugar exacto, así que la comida dura lo que debe durar y el mercado de la semana rinde de verdad.
Add comment